Coloca las ventanas y los puentes,
recoge para siempre tu sonrisa,
descuida el chubasquero y el paraguas,
las sandalias, el termómetro y la prisa.
Dejemos en su sitio los bordados
de amargas mariposas y coristas,
para que cuando todo haya pasado,
podamos volver pronto a ser marxistas.
De antiguas madrugadas y de calles
llenaron esa noche las vasijas;
no sin antes preguntarle
de dónde sacarían la brisa.
Olvidados para siempre los Cobardes
en el túnel de lavado mientras gritan,
exportaron a unos cuantos de los Bizcos
por no saber quien era Gilda.
(Foto:
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