Ahora sí.
Corriendo delante de lo que quería alcanzar dejé atrás las zapatillas y los peines. Evitando mirar atrás y sin saber si cargaba con el peso de tu mirada en mi nuca, bamboleaba el culo; porque sería allí donde apuntarían tus ojos si te hubieses asomado a la ventana. Seguro.
Cada vez más lejos del influjo de tus hormonas, seguía pensando en la casualidad de haberme vuelto a encontrar con otro brujo. Tu tercer pezón te delató y yo para esas cosas soy muy buena. No te quise decir nada por si desconocías tu naturaleza. Pero ahí está, lo sabes. Vuelve al espejo y asómate a ti mismo. Yo estaré del otro lado. Descuida, que no puedo arañarte desde allí.
Cuando el "dónde vas a estar" no se utiliza y el pacto está claro, el roce profundo no duele.

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