Con la capacidad de volar, perdí también la del sueño; y es que antes, andaba todo el tiempo entre nubes, construyendo ciudades enteras de humo, a base de encender cigarrillos liados. Duraban poco, pero siempre lo suficiente para que alguno de los habitantes de sus primeras generaciones crease una religión alternativa a la mía. Entonces yo soplaba.
Soplé tan fuerte una de las veces, que arranqué una viga recién desencofrada que fue a aterrizar a unos ojos. Tuerto el perro, vino el dueño a reclamarme la vista de quien le mostraba el camino. Presa yo del infortunio, le entregué mis alas para que las usase como ofrenda a Tea.
Pero, ¿quién iba a rechazar la oportunidad de levitar sin mago? Se injertó las alas a las caderas y decidió habitar entre pájaros.
¿Qué es volar sin ver? ¿qué hace un ciego en Granada?
(Foto: http://thestwrd.com/post/22657958514)
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