Me tocaste tan profundo, que me cambiaste hasta las palabras que te quería decir esa noche. Y de mañana, me sometiste con cuidado y sin quererlo a una auto-evaluación de conciencia que suspendí con buena nota. Por tus órdenes más oscuras, me sacaste de la mano de paseo. Como guía de ese caos, por tus genes, careces de rival. Me trazaste en la espalada la línea divisoria entre el bien y el mal de mi propio cuerpo y te quedaste con el lado malo; "para que el bueno aprenda", dijiste. Me secaste el manantial de la pena con alquimia, que transformaste en algo que sabía a risa...
(Foto: www.magnumphoto.com)
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