que formáis todas juntas una especie.
Cultivadoras del bien y lo correcto.
A vosotras, Diosas de lo que importa
dirijo mi solicitud, mi carta de motivación.
Porque, fuera de escena, eres quien mueve los hilos
de tus dos títeres, todavía de trapo.
A escondidas rezas, para que no desgarren su fina membrana
y les salga el relleno.
Te matarías porque fuesen intocables y perdurasen
siempre como el primer instante.
Pero tú ya sabes, porque tú ya lo viviste,
que la solidificación de la sangre nos hace fuerte.
Que nunca seremos muñecas por las cicatrices y las secuelas,
pero seremos mujeres y llevaremos un maletín con vivencias.
(Foto: www.magnumphotos.com)
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