a mojarnos desprevenidos en el mundo del placer.
Cuando todos los cambios ya hayan sido canciones
y en la hora del olvido te bajases del tren.
Entonces, deja que te vende los ojos, y juguemos alrededor de tu cintura.
Al desencuentro y al evitarnos ya no me ganarás nunca.
Ahora que tus abrazos ya no curan más heridas
y se me secan untadas en sal;
baja de una vez del sótano de los malos sueños
y ponte tacones para que puedas ver la realidad que habita detrás del muro de tus lamentaciones.
Que a tu boca le falte el sabor de la mía. Nunca.
(Foto: www.magnumphotos.com)
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