Por si acaso tú no quieres, te tendré que engañar.
He sembrado el camino que te lleva a mi casa de las flores más lindas que he podido encontrar. Y para que no te pierdas, sólo de verde, de blanco y de rojo.
A media tarde, cuando el cansancio te busque y aparezca el apetito, empezaré a cocinar con orégano, clavo, canela y jengibre. Que no te deje dudar.
Sistemáticamente cada tarde.
Coaccionando tu mente con cada suspiro apuntado, con cada mirada que me encuentres; te mostraré el final sobre la mesa de roble, arropados por velas y masticando el lambrusco brindaremos con perdices.
Pero antes, me tendrás que dejar que entre mezclas de frutas te acaricie el alma y me regales un trozo de la huella que olvidas al caminar, dos gramos de esencia de tus mañanas, tres gotitas de sudor de pesadillas. Y otras cosas que iré necesitando... que sólo podré decirte al oído a las cuatro, mientras duermes... que espero me proveas...
Te guardaré el secreto de las sombras de tu cara bajo clave, en mi caja torácica.

(Foto: www.magnumphotos.com)


