Pureza perdida, que fuiste parte de nuestro dueto.
Eras irrenunciable e inseparable de lo que formábamos. Te mudaste, con los camellos, pasado el Lejano Oriente sentido la Luna. Y te perdiste, o te perdimos. Entre compras navideñas, falsos propósitos, olor a canela y especies. Y nieve.
Intencionadamente, te olvidamos en la tienda, junto a la caja, lo más lejos posible de objetos perdidos. No se te ocurrirá volver una vez renegada, pero los riesgos previsibles suelen ser menos si se contemplan...

(Foto: magnumphotos.com)

(Foto: www.magnumphotos.com)