Esa noche era la noche para pasear de la mano. Para dejarnos arrastrar por la multitud de la gente. Para izar anclas y simplemente dejarnos llevar. Como suena. Sería de las noches que se recuerdan sólo por colores. Naranjas, amarillos, algunos rojos y fondo negro. Y luces y dientes y gente hablando. Atados.
Unidos nuestros cuerpos en un recorrido que nada tendría que ver con la ciudad. Si no con los dos. Nosotros. Recorreríamos palabras, gestos. Te seguiría las miradas. Te volvería a descubrir en tus arrugas al preguntar. Te volvería a querer una vez más al final de la noche. Y volvería a no saber nada mañana.
¿Cuánto te debo?