domingo, 20 de octubre de 2013

-Airtight-

Quiero arrastrarte a la puerta del dedo gordo de mi pie derecho. Y que me esperes allí, hasta que resuelva qué deberías saber. Cuál de las prendas me quito ahora.

Si te abro la boca para cantarte una vez más por saetas o bailarte un fandango dependerá de tus manos.

Cuando agarras las mías y me giras a medias para comprobar que todo está.

Descomponme una vez más y no me unas. Agárrame de la cola y llévame dentro, que te entre al revés. Y trae espejos.

Mañana; te quiero allí. Pero olvida palabras prohibidas, barrios cerrados; quiero noches de vela y en vela, y no más "cuídate". Entero.

Yo te bailo lo que quieras.

Sigo contando olas, que lo sepas. Hasta la séptima.

Foto: Marte

jueves, 10 de octubre de 2013

Decálogo Leve-dad-(á)

Y sustraer el peso de lo dominado manteniéndolo oculto.
Vencer, a través del espejo. De lado, entreabriendo los ojos o cerrándolos.
Prohibir la visión directa, bajo riesgo de muerte.

Venciendo a los Monstruos cuando el software es el que manda y a través de la poesía de la materia hallar bajo corpúsculos invisibles el vacío concreto.

Siempre inviable, la línea recta
Como azote que agitaba una profunda pasión liberando la nieve de la piñata.                                                                                                                      *Sin viento.

Quedaba la especulación del intelecto: gravedad-levedad-vitalidad-aligeramiento.
El instinto, sin embargo, hablaba de otras cosas… sutileza, imperceptibilidad, abstracción.
Pero el cuerpo sólo tenía tiempo para:  dance,  soar and prickle. What dreams are made on.

El doctor aconsejó rumiarla a menudo pues poco faltó para que el hombre no fuera hombre. Y fuese otra cosa, menos corpórea, más espigada, tendiendo al vuelo.
Casi quedó anulada en un instante por la invención poética, que a la larga mostró la cruda levedad. La realidad ensimismada.
Untándose con médula de buey, que es habitualmente absorbida por la luna, la encontré aquella noche entre raíles de tren y peces globo.

Ostras mirando. Guardando perlas.
Al final decidí que la luna se la dejaba toda a Leopardi. Por no partirla.

La reacción al peso de la vida era vivir. Andar. Llorar. Sentir. Seguir las vías hasta nueva orden. La resurrección en otras vidas; cargando sólo lo que seamos capaces llevar.


También de brujas.

Foto: Marte