Y sustraer el peso de lo
dominado manteniéndolo oculto.
Vencer, a través del espejo. De lado, entreabriendo los ojos o cerrándolos.
Prohibir la visión directa,
bajo riesgo de muerte.
Venciendo a los Monstruos cuando
el software es el que manda y a través de la
poesía de la materia hallar bajo corpúsculos invisibles el vacío
concreto.
Siempre inviable, la línea recta.
Como azote que agitaba una profunda pasión
liberando la nieve de la piñata. *Sin viento.
Quedaba la especulación del intelecto:
gravedad-levedad-vitalidad-aligeramiento.
El instinto, sin embargo, hablaba de otras cosas… sutileza, imperceptibilidad, abstracción.
Pero el cuerpo sólo tenía tiempo para: dance, soar and prickle. What dreams are made on.
El doctor aconsejó rumiarla a menudo
pues poco faltó para que el hombre no fuera hombre.
Y fuese otra cosa, menos corpórea, más espigada, tendiendo al vuelo.
Casi quedó anulada en un instante
por la invención poética, que a la larga mostró la cruda levedad. La
realidad ensimismada.
Untándose con médula de buey, que es
habitualmente absorbida por la luna, la encontré aquella noche entre
raíles de tren y peces globo.
Ostras mirando. Guardando
perlas.
Al final decidí que la luna se la
dejaba toda a Leopardi. Por no partirla.
La reacción al peso de la
vida era vivir. Andar. Llorar. Sentir. Seguir las vías hasta nueva orden. La resurrección en otras vidas; cargando sólo lo que seamos capaces llevar.
También de brujas.
Foto: Marte