domingo, 9 de septiembre de 2012

Dentro

A la hora de perderte, que no importen las palabras.

Me comprometo a seguir a mi vientre un día de ayuno. A prestarte las manos para que te acaricies la casa. A soplarte al oído mis angustias para que olvides volver. A arrojarte por la borda si me llamas. A desearte para siempre.

Lo mejor en este circo.

A liberarte de la prisión de mis ojos. Y a soportar para ti el peso de aquel verano que se hacía de noche corriendo. Para dormir juntos.

Que no sea de mañana.

Me quedé como me dejaron las estrellas que habitaron tus brazos. 

Cuando te pierdas, comienza por dibujar los planos de mi cabeza. Te muevas por donde quieras y vaya yo a donde vaya en alguna neurona entre mi lóbulo izquierdo y mi hipotálamo te podrás encontrar.


(Foto: http://www.magnumphotos.com)

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