Si fueras consciente del poder de atracción que tienen los ángulos de tu cara para con mi deseo de salvación de esta aventura sin retorno ni esperanza y dejases que retuviese cada una de las sombras y las líneas con las que te expresas por dos segundos en mi retina sin que me descubrieses mirándote de nuevo; te calcularía el número áureo que llevas proporcionándote la cara entre tu frente y tus sienes; y te hallaría la serie de Fibonacci, más que seguro en el iris de tus ojos...
Y tus pecas... esas pequeñas estrellas que claramente expresan alguna ley fractal, no me dejan pensar desde entonces en otros números...

(Foto: www.magnumphotos.com)
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